¿En qué momento dejamos de ser niños?








¿En qué momento dejamos de pisar los charcos sin botas de agua, de comer con las manos o de pintar en las paredes? Y, si dejamos de hacerlo, ¿fue porque ya no nos llena o por el miedo a resfriarnos, a llenarnos de microbios, o por si alguien nos regaña?

Yo ahora, como adulto, fantaseo con un día de lluvia y con calarme hasta los huesos. Con que me traigas el desayuno a la cama y mancharnos la nariz con mermelada de mora. 

Miro mis pinceles y siento que tienen alas. ¿Y yo, yo las tengo?

Yo hoy estoy con los pies al borde de una piscina sin agua, pensando si debo saltar al vacío. Entonces lo sabré.


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