la belleza de lo efímero ...




¿Has pensando alguna vez que hace tan bello al otoño? 

Yo sí, y no son sus colores que parecen recién salidos de la paleta de un pintor. Ni siquiera es esa niebla perfecta que se cuela entre las ramas de los pinos y te envuelve abrazando. No, no son los mantos de hojas a tus pies, ni los helechos mudando de piel. Lo que hace tan bello al otoño es que es efímero.

Imagina que llevas tres estaciones esperando la llegada de ese brote salvaje de color, suspirando por días nublados y añorando el sonido de las hojas al pasear sobre ellas. ¿Lo ves? Y es entonces, una mañana, cuando caminando descuidada, llevas tus manos al cuello para subir el cuello de tu jersey, ves caer la primera hoja cobriza y suspiras. Ya está aquí ... sí, tarde, pero ya ha llegado. Y tenemos un suspiro para disfrutarlo. ¿Reconoces esa sensación de felicidad? 

La belleza de lo efímero. Yo amo esa sensación.

Ahora, imagina, que llevas una vida soñando e imaginando, escribiendo historias sobre como sería el amor de tu vida. Una vida dibujando esbozos de su sonrisa, de sus abrazos, del tacto de sus manos sobre tu piel. Imagina que no sabes si, como el otoño, sólo harán falta tres estaciones para que llegue o quizá no llegue nunca.

Y entonces, una tarde fría de Febrero, aparece. 


¿Qué haces ante la confirmación de lo que siempre quisiste?

Yo, cada día, lo vivo como si solo tuviera un suspiro para estar con él, para abrazarnos, para provocarnos la risa. Ahora, cada día, lo vivo como si fuera a terminarse mañana. Y ahora, soy más feliz. Quizá, entre otras razones, porque ahora disfruto de la belleza de lo efímero. 

Probad ... 

... 

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